martes, 9 de febrero de 2010

MIS HOMBRES DE PELÍCULA: LUCIANO CRUZ-COKE

Película: "Se Arrienda" (2005)
Dirección: Alberto Fuguet.
Guión: Alberto Fuguet, Francisco Ortega.
Elenco:
Luciano Cruz-Coke, Felipe Braun, Francisca Lewin, Ignacia Allamand, Diego Casanueva, Nicolás Saavedra, Benjamín Vicuña.

Más por consecuencia que por otros aspectos, Gastón Fernández (Luciano Cruz-Coke) es un hombre para querer. Elisa (Francisca Lewin) retrata muy bien lo que intento decir, cuando le señala sinceramente: “Me pregunto cómo sería querer a un hombre cómo tú”. Un hombre a quien le incomoda extremadamente el pasado a tal punto de sentirse avergonzado de su presente. Un hombre que a pesar del fracaso eminente, no quiere arrendarse.

Hasta Alberto Fuguet ama a este músico de 34 años que aún conserva vivas las memorias de su época de estudios de música, en el Conservatorio de la Universidad de Chile. A los 19 años, las conversaciones junto a sus amigos dejaban en claro lo que cada uno esperaba de su futuro. Un futuro que para Gastón sonaba más ambicioso que para el resto de aquellos snobs. Con una arrogancia algo arriesgada a esa edad, Gastón sabía muy bien por donde enfocar su carrera de compositor musical que ya vislumbraba como exitosa y aclamada por los críticos. Una carrera que por cualquier modo deseaba lejos del mercado, que muchas veces poco sabe de calidad. Una carrera, que nunca tuvo preparado un plan B. Puesto que a pesar de las ganas, el futuro realmente es incierto. De eso se da cuenta más tarde, al volver de sus estudios de perfeccionamiento en el extranjero. A su regreso, Gastón comprende el fallo del sistema. ¿Y si no resultará?, fue lo que este hombre nunca se preguntó.

No es que estemos hablando de falta de talento, puesto que frente a ello, no hay mucho con lo que apelar. En su época universitaria, Gastón decide crear la música de una película que años más tarde se convertiría en cine de culto para la escena alternativa nacional. El talento que evidencia la música que logra para “Las Hormigas Asesinas”, película dirigida por su primo Luc Fernández (Nicolás Saavedra) y que muestra de la mano de Paul Kazán (Benjamín Vicuña) el lúgubre y solitario estado en que queda Santiago de Chile, luego de que inmensas hormigas asesinaran a las personas incapaces de amar; lo convierte en uno de los compositores claves de la cultura underground de Santiago. Sin embargo, a su regreso al país, la percepción en vivo y en directo del éxito actual alcanzado por esta película, atormenta de un modo tal a Gastón de incluso llegar a negar su identidad. La razón: la vergüenza de un pasado que no tuvo continuidad en el presente. Que lo lleva a no creer más en él. Un pasado glorioso que no merece ir de la mano de un presente deprimente, agobiante y atemorizante y que lo obligan continuamente a desprenderse de sí mismo. De renegar su propia historia. Lo peor de todo, será el no comprender que pasó. ¿Qué hizo mal?

El reencuentro con su gran amigo del Conservatorio, convertido ahora en su antítesis, Julián Balbo (Felipe Braun) le da la oportunidad a Gastón de percibir lo efímero que puede llegar a ser el discurso de juventud. Olvidar aquello que alguien armoniosamente ha denominado esquemas juveniles, parece ser el patrón universal que permite de forma exclusiva continuar con la vida en el siglo XXI, puesto que para lo anterior, no hay lugar. Convertido en un exitoso productor musical de música pop, y miembro importante de la escena musical chilena, Balbo insta constantemente a Gastón a volver a componer ofreciendo una ayuda que parece algo corrompida. Y es que Gastón está decidido a no tranzar. Esa convicción que mantiene de adolescente sobre la imposibilidad de trabajar con el enemigo, lo ayudan a mantenerse firme en su negación de entrar en el sistema. A pesar de la fragilidad del presente que vive Fernández: un adulto sin dinero, sin trabajo, sin vida estable ni un amor; sus memorias de un adolescente fuerte y convencido, enfrentado a la realidad actual de otros, le permiten no doblegar sus ideales, hasta por fin volver a creer en sí mismo. Sin embargo, la convivencia con el modo de vida actual es inevitable y Gastón decide arrendarse.

¿Por qué no amar a este fracasado?, es lo que yo preguntaría a quien discrepe de mis comentarios. Gastón Fernández es un tipo de 34 años que aún conserva el alma del universitario idealista. Aquel que todos a los 20 años pensamos en conservar, pero que es probable que a los 30 ligeramente recordemos y que en su memoria apelemos a un espíritu inmaduro, sin la claridad suficiente. Así como excusándonos. Los amigos de Gastón se excusan. Ese intento típico de justificar a como dé lugar las opciones que nos han quedado. Los errores cometidos como sea camuflarlos y volver a comenzar el discurso hasta creerlo: Es lo que Dios quiso. Pero no, Gastón sabe que él fracasó. Esa sinceridad lo hace grande. El único modo de sobrevivir ahora en un país capitalista es someterse a esa forma de vida que nunca quiso. A lo que aún interfiere con sus ideales. Gastón se niega. Esa consecuencia lo hace un hombre admirable. Esto a pesar, de que necesite de la realidad de otro, para comprender que aún tiene una oportunidad.